La cena con Caloza. 6

Caloza hablaba en serio, todo era tal y como lo contaba, en cuanto a mi, en mis adentros me revolcaba entre mis neuronas para poder sacar al menos un tan solo recuerdo de mi identidad.
El mar retumbaba y las olas arrojaron a las arenas un pez de aspecto extraño, con extrañeza tal que un biólogo marino tal vez hubiera hecho tesis con el, Caloza lo tomo y lo olio y dijo con voz de extrema alegría.

—Como ve maytro ¡que ya tengo cena para hoy!

El despojo del mar pesaría aproximadamente unas doce libras, su olor era infernal, horrible y flatulento; pero lo que mas asustaba de el era la apariencia, tenia las aletas volteadas al revés, y parecía que los ojos los tenia en la cola, si se le podía llamar cola a un tentáculo que terminaba en unas afiladas púas. Aquello era la criatura viva mas horrible y sin forma que jamas había visto. Caloza comenzó a silbar mientras el sol se hundía en el horizonte.

—Maytro, ya se nos hizo de noche y no encontramos donde es que usted vive. Creo que le voy a comenzar a cobrar réditos. Si no fuera que por mi doctrina, la cual me prohíbe hacer papel de usurero.
—Oh, así que eres religioso. ¿y que religión es esa?
—La única y grande Iglesia del hermano Alcanforio.

Íbamos por la playa caminando y platicando como dos personas que se conocían de ya tiempo, mientras en la playa no se revelaba ni una sola alma, evidentemente seguro era que ya no era fin de semana y por esta misma razón Caloza se podía ver en aquella playa desierta persiguiendo a los que le debían, Caloza podía darse ese lujo de ir junto a mi sin la frustración de perder clientes, pero era bien promulgada su ambición por requisar la paga que yo le debía por el alquiler del diablo, y lo hubiera hecho de no ser porque en aquel momento yo no poseía nada que valiera ni un cuarto de la deuda que con el tenia, como en aquellos lares solo se daba sita un zancudero espeso y nosotros caminábamos a paso no tan aprisa solo nos dábamos de plachtazos para matar a los que sentíamos se atrevían a dar la estocada, pero mientras el sol caía el zancudero se hacia cada vez mas eufórico. Llegado el momento que tuvimos que dar carrera porque aquella tempestad de insectos con sus aleteos llegaban a ser amenazadores mientras el sol bajaba se vio como si una nube lo cubriera todo y esta nube se hacia cada vez mas densa, el tornado de zancudos iba tras de nosotros que corríamos a todo lo que el físico nos daba.
Mientras Caloza corría seguía contándome mil y unas maravillas de las enseñanzas del hermano Alcanforio, pero yo estaba mas atento en moscos que venían en andanada a tras nuestro y que si se diera un tropiezo seria quedar bajo una anemia profunda.

—Si, Maytro, yo viví en el mundo, no encontraba sosiego fui bolo y hasta llegue a comer zumba, pero de todo esto ahora yendo donde el hermano, he salido...
—Mire, digamos que ya entendi eso, me alegra mucho que esa congregacion le ayude, pero la verdad es que yo de corredor tengo menos madera que una sonda espacial, y esto de correr en la arena hace mas grande el grado de dificultad, mi pregunta es ¿Como vamos a salir vivos de esa nube de zancudos?
—Maytro no se aflija ya casi llegamos a mi residencia y ahí estaremos a buen resguardo de estos Zancuditos.

La esperanza me volvió al cuerpo y encontré animo para continuar al paso que iba, pero digamos que mis esperanzas se disolvieron cuando Caloza pronuncio lo siguiente.

—Por fin, Maytro ¡Ya llegamos!

La residencia de Caloza no gozaba de paredes, era una ramada en todo el sentido de la palabra y siendo un poco practico a la hora de describirla diría que por estar ya muy oscuro que aquella ramada era una de las mas maltrechas que jamas se hubieran edificado en la historia de la humanidad.
El zumbido de nuestros perseguidores llego a ser ensordecedor y de un piquete por aquí otro por allá paso a ser una ráfaga que me cubrió todo la piel expuesta, sentía como sus astas hacían cena en cada uno de los poros que estaban al descubierto, y me lance a la arena revolcándome. Vi a Caloza que en el centro de la ramada hacia un hoyo a toda prisa, pensé que su plan era cavar un hoyo y meterse dentro por lo que yo estaba condenado a morir y no sabia a que lado estaba el mar, para correr y sumergirme en el. Los moscos también alcanzaron a Caloza que cavaba como un cuzuco playero hasta que dejo de cavar y de ahí, del hoyo saco una botella con gas para candil, le echo un chorro a un bulto que estaba dentro de la ramada y de una de las varas que servia de viga a la ramada saco unos fósforos y en un solo movimiento dio a arder el bulto con el combustible. los zancudos que lo picaban a el se repelieron al instante. Calosa de manera ágil saco del hoyo cavado una hoya aboyada por todas partes y ahí en la hoya metió un poco de aquello que ardía y salio con ello donde de yo me revolcaba. cuando la luz del la humeante hoya llego donde mi los zancudos se disiparon como por gracia a un encantamiento, cuando esto paso Caloza me dijo:

—Maytro, todavía no es hora de dormir, levántese.

Yo me sacudí la arena del rostro y del cuerpo, ahora estaba quemado, y hecho coladera por aquellos insectos.

—Venga maytro eso, de los zancuditos ya no tiene porque preocuparle.

Yo estaba tan sorprendido que no podía decir nada, solo camine y llegue cerca de la fogata de Caloza. Caloza del Canal tomo el pescado y del hoyo saco un ensartador y un cuchillo, con el cuchillo partió por en medio al nunca visto animal marino. Con presteza y destreza fileteo aquello que no tenia forma y con el ensartador los filetes los puso a asar donde el fuego se daba moderado. Por mi conmoción de haber estado tan cercano a ser devorado por varios millones de moscos no me había percatado del insoportable aroma que ahí hacia. Pero lo comencé a percibir cuando mi curiosidad no me permitió seguir mas con la duda de como había podido Caloza hacer que todo aquel enjambre de zancudos sedientos de sangre se fueran tan de prisa.
Luego Caloza con una sonrisa... responderia...

—Es la mierda seca de cabra y vaca y chiricas de Gallina y unas cuantas cebollas secas; En la mañana cuando amanece es lo primero que hago recolectar cacas en las granjas aqui vecinas.

De ahí en delante el olor se me fue haciendo cada vez mas insoportable. Caloza saco del hoyo una manta donde tenia un rimero de tortillas que pondría también en el ensartador a tostar en el fuego alimentado por aquel recopilar de excrementos. Terminado esto levanto una plegaria, aprendida en su congregacion y adaptada a sus circunstancias.

—Padre Celestial, te agradezco por no permitir que me partiera el culo el diablo, si esa patada me hubiera dado me mata, Señor. Tambien te agradesco por darme este elimento que aunque algo ruincito pero para calmar la tripa vasta Señor. Tambien te pido por que este desdichado ruin hijo tuyo que hoy me acompaña y del cual nombre no se aun, para nombrarlo ante ti Señor, te pido por el para que le devuelvas la mente, que perdio por andar de bolo, Señor y asi que me pague los quince pesos que me debe. Amen.

De ahí bendecidos los alimentos me paso una tortilla con un pedazo de pescado... La cena, yo que estaba pasando momentos precarios deje a un lado todo escrúpulo pudiendo mas el hambre por haber corrido Dios sabe cuanto con toda aquella tormenta de mosquitos al acecho.

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