La amnesia y el pleito por recuperar la memoria. 5

Pasa que después de ocurrido todo aquello lo del reclamo de mi acreedor Caloza del Canal como se hacia llamar, un destello me ilumino la mente, justo cuando yo había terminado de comer aquella deliciosa pescada, me acorde que a mi no me gustaba el pescado mucho menos las pescadas. Pero ya era muy tarde no me había podido acordar antes. Ahora había saboreado con deleite aquel regalo de Samuel quien se negó a cobrarme esta, lo cual me sentó muy bien porque no tenia manera de pagarle. El que no estaba dispuesto a ser tan generoso era Caloza, quien me prometió no despegarse de mi hasta que cumpliera con mi parte de pagar hasta el ultimo centavo por el alquiler del Diablo. Fue ahí cuando me entere, que había perdido la memoria, ya que intente saber mi nombre y no pude saberlo, intente recordar el nombre de mi madre y tampoco me fue posible. Todo me era incierto, solo recordaba la playa, mi altercado con la muerte y el revolotear en las aguas espumarajosas de la playa unos días antes, pero de ahí todo en mi memoria había desaparecido, ni tan siquiera me acordaba de la renta del caballo que ahora Caloza me recriminaba. Todo esto vino a hacerse evidente cuando intente presentarme con Samuel, quien al despedirse me dijo su nombre.

—Ya sabe Maitro, fue un placer ayudarle, mi nombre es Samuel Lopez y no soy de aquí,pero mi esposa es de Las Isletas, un caserío que esta aquí como a quince minutos en carro.
—Eres muy Amable Samuel, mi nombre aunque no creo que te interese es...

No pude acordarme de mi nombre, por mas que me rasque la cabeza. Caloza esperaba que me despidiera, ya que yo le había prometido pagarle al llegar a donde había dejado mis cosas. Mi amnesia era desordenada, recordaba algunas cosas y algunas otras, se habían extirpado de mi memoria. No sabia que hacer y me sentí en necesidad de hablar con alguien de los que me pasaba, me sentía totalmente perdido, Caloza caminaba a mi lado. El sol alumbraba con tanta fuerza que pasaba de ramada en ramada para que no se me quemaran los pies, a Caloza esto le daba risa, ya que el a pesar de ir chuña la arena caliente le era irrelevante sus pies se habían adaptado a caminar sobre el pavimento incandescente. Llegamos a un tramo de la playa donde se terminaban las ramadas, el sol hacia que el horizonte gorgoreara. Caloza solto una carcajada al ver que me encontraba ante un aprieto.

—¿Que maitro va a querer que lo lleve a catambucho de aqui para alla?
—Pues, lo que pasa es que el sol esta muy fuerte y la arena me quema los pies.
—Maitro, no sea pasmado, mire si no quiere que se le quemen los pieses como dice, camine sobre la arena mojada, corra a donde se arrollan las espumas del mar. Usted es de verdad dundo.

Caminando sobre las tibias arenas mojadas y ya cuando no se miraban edificaciones me vi obligado a contarle a Caloza de mi amnesia.
Cuando lo hice, Caloza no me creía, para el era solo una treta mía para evitar pagarle los diez colones.

—Maytro, usted no es el primero que inventa esa paja para no pagar. Mire una vez un desdichado para no pagar se reventó la cabeza con una piedra poma, yo mismo lo lleve a que le remendaran la cabeza, y me tuvo que pagar. a guebo me tubo que pagar, y a guebo usted me va a pagar también.

—No, no es eso, mira yo soy el primer sorprendido.

—Sorpresa, Sorpresa es que no le rompa la tronera con un pencazo para que se le quite lo pajero, maytro si usted tiene pisto. Cuando le di a montar el Diablo usted llevaba un reloj de los buenos, pero como se puso a chupar como loco, y mas esa mierda de "Un décimo para el ciento" eso es mas veneno que licor.

1 comentario:

COLOCHINY dijo...

sumbero estoy a la espera de la traduccion de la historia de caloza.saludos