Retornando al mundo.10

Luego de todo aquel ataque de histeria por encontrarme solo a mitad de aquella bella playa con la canción de las olas rompientes al rededor me sorprendió la legada de Caloza en un potro negro, tan negro como la mas oscura y anublada noche sin luna de aquella región; aquel animal con sus crines mal lustradas se hacía ver como un espectro salido de algún matadero y resucitado con métodos esotéricos, agregando a todo esto el mal olor que despedía a carne en descomposición. Caloza llego hacia a mi y me dijo:

—Maytro, usted que le pasa, no ve que ya es de día, es hora que me pague lo que me debe a base de sudor, he pensado que ya que su memoria parece algo ya perdido para siempre, podría usted serme útil y pagar lo que me debe trabajando, y quien sabe tal vez hasta podríamos ganar mejor dinero y mudarnos de esta ramada.

—Me parece una muy buena idea.

La propuesta que se me hizo muy justa, me guarde la alegría que me producía ver a Caloza y saber que el estaba aun dentro de mi mismo mundo. Luego sintiéndome un poco dolido por comunicarle una mala noticia, trataba y no encontraba las palabras para decirle a Caloza lo del viejo. No sabia como decirle que su cadáver reposaba en aquella ramada que tantas disputas había dado. Le pedí que por favor bajara del caballo que algo muy serio había ocurrido. Caloza me miro, y por un momento sentí como si vio dentro de mi y se le transmitió mi preocupación. Le dije que había algo en la ramada que tenia que ver.
Caloza amarro al caballo en una estaca que estaba clavada a la arena y me acompaño a donde yo había dejado con pesar al viejo.
Cuando llegamos a la ramada fue una gran sorpresa para mi ver que aquel agujero estaba vació, no había nada. Intente buscar una explicación lógica a aquello, tal vez fueron los perros los que habían comido el cuerpo sin vida del viejo, pero era poco probable ya que habrían quedado al menos restos, y no había posibilidad alguna que el cuerpo hubiera sido arrastrado por algún otro animal, no había ninguna clase de huella en aquella arena, parecía como si se hubiera barrido un recuerdo, esta vez el recuerdo del viejo.
Comencé a temer que estaba perdiendo el juicio, ya eran muchas las señales que me deducían aquella inmersión en el terreno de lo errático y sin sentido; las anteriores ideas de viajar entre dimensiones, lo de ser el ultimo hombre viviente, y por ultimo esto; haber visto un cadáver con toda la palidez que el caso meritaba, pero ahora no encontrar rastros de el eran pruebas contundentes que estaba perdiendo a paso rápido la cordura.
Caloza se sacudió la nariz, luego mirandome me dijo:

—Maytro, usted mas que loco esta enfermo del estomago. Se ha tirado unos pedos bien gediondos, tienen que comer algo porque el juelgo le llede bien feo. Me conviene mantenerlo saludable para que pueda devengar su deuda conmigo.

Le mire con preocupación, luego Caloza me ordeno que fuera ha hacer gárgaras con agua salada, para suprimir un poco lo del aliento. Asi lo hice luego el subió a el Diablo y a paso moderado fuimos a donde se hacían ver mas gentes.
Caloza, se mantuvo en silencio en todo el trayecto, pensativo como si algo lo había hecho reflexionar; la vergüenza no me permitió preguntar, me sentía humillado por mis alucinaciones anteriores y temía que cualquier palabra venida de mi seria tomada poco en serio.

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