El viejo se enterró en la arena, no recuerdo que hiciera ningún tipo de plegaria, simplemente cerro los ojos y no pronuncio palabra alguna después de lo dicho en aquella confusa noche.
A la mañana siguiente el viejo lucia pálido, cuando salí del sueño me llene de pánico al ver que estaba solo en aquella playa no recordando mas que le adeudaba dinero a un hombre que me había alquilado un caballo, y que insistía en que le pagase, y después de esto nada mas de mi, parecía que el único vinculo de mi existencia en aquel mundo en el que me encontraba era ese personaje el único que me había tratado como alguien existente ya que sabia de mi y sentía necesidad de algo que yo le podía proporcionar, he ahí que Calosa paso a ser mas que mi acreedor a una figura protectora y guardián de parte del pasado que me interesaba tanto volver a conocer como recuperar, pero quizás lo mas importante alguien para el cual yo existía.
Al revisar me encontré con la cabeza del viejo que sobresalía de la arena, parecía que sonreía, pero su aspecto era fantasmagórico, me pareció así aun cuando solo le había visto una sola vez y en la oscuridad confusa de la noche anterior entre la penumbra y los maldecires. Llegue a tener ideas locas, ya que mi juicio estaba alterado pero aun así sabia reconocer un cadáver con solo mirarlo, ademas no respiraba y un cangrejo diminuto salio de sus fosas nasales. Los pensamientos disparatados eran que pudiera ser que estuviese viajando de dimensión en dimensión, y que ahora estaba en una donde toda la raza humana se hubiese extinguido, y a mi lado no del todo sepultado en la arena estaba el penúltimo homo sapiens que habitaba esta extraña dimensión. Sabia que una dimensión anterior me había topado con Caloza y este a su vez con este mismo que ahora yacía en la arena. Mi mente transtornada por un mal que no comprendía se vio adolorida al pensar que fuera yo el ultimo, y que nadie sabia nada de mi, ni yo volvería a saber nada de nadie, llegue a pensar que también Caloza sufría y con esto me sentí un poco reconfortado, al pensar que yo había desaparecido tambien para Caloza y que tanta seria su audacia y terquedad que navegaría de dimensión en dimensión hasta llegar a obtener lo adeudado, pero sin importar con cuanto ahincó buscara en aquello infinito ya estaba predestinado que jamas conseguiría el dinero por el alquiler de su bestia.
Los cangrejos diminutos que corrían por la playa saliendo y entrando a toda prisa en los agujeros que se cerraban ante el paso de las olas que rompían en la playa fueron los que no me permitieron dejar aquel lugar e ir en busca de mas vida. Me puse en guardia porque eran muy ágiles y bastaba un descuido para que se metieran en cualquier orificio abierto del cuerpo expuesto, yo no podía permitir aquella falta de respeto ante un ser que pudiera ser el penúltimo congénere de mi especie. Luche contra los ejércitos de cangrejitos que corrían de lado con la determinación de hacer nido en aquel difunto.
Por fin con un poco de rabia desgarre mi ropa interior y la tela la hice bolita para cubrir los orificios nasales y los auditivos. haciendo esto pude respirar en paz y salí en búsqueda del resto de la civilización.
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